Miércoles , noviembre 14 2018
Home / Arquitectura / Una bodega mendocina ganó un premio internacional por su arquitectura

Una bodega mendocina ganó un premio internacional por su arquitectura

El complejo Rosell Boher Lodge ganó la categoría Oro en los premios Best Of de las Great Wine Capitals Mendoza, por su desarrollo arquitectónico y su paisajismo. El año anterior, la bodega ya había ganado otro premio dorado en la categoría Alojamiento.

Los Best Of son un reconocimiento a las mejores prácticas relacionadas con el turismo del vino. Las distinciones se realizan en bronce, plata y oro, y la premiación tiene lugar anualmente en cada una de las ciudades miembro de la red global de las Grandes Capitales del Vino, de la cual Mendoza es parte desde 2005.

Los ganadores del oro de cada Great Wine Capital participarán en los Best Of Internacionales, que se entregarán en noviembre en la ciudad de Adelaida, Australia.

Con las montañas del Cordón del Plata como telón de fondo, el complejo Rosell Boher Lodge se mimetiza con el paisaje del Alto Agrelo, a 40 km de Mendoza capital. La historia de este hotel boutique con viñedos comienza cuando la bodega Rosell Boher –especializada en epumosos y vinos de alta gama- decide comprar parte de Dragonback Estate, un emprendimiento de 820 hectáreas que había sido pensado para convertirse en un barrio cerrado donde sus habitantes podrían elaborar sus propios vinos. La idea no prosperó y en 2013 los dueños de la bodega vieron la oportunidad de adquirir el club house del barrio, más 40 hectáreas de viñedos, donde estaban incluidas estructuras para tres casas.

“La clave del proyecto fue priorizar el paisaje, motivo por el cual decidimos diseminar los distintos usos en el terreno para que no hubiera un único gran volumen, sino pequeños edificios. De esta manera se mezclan la trama de las viñas, el paisajismo, la arquitectura y lugares de contemplación y de encuentro, unos elevados en terrazas y otros de descanso en los recorridos”, resume Agustina Apa, del estudio Desarrollos Urbanos, a cargo del proyecto.

Con los espaldares de las viñas, el agua y las piedras como elementos principales, los arquitectos diseñaron un masterplan a realizar en 5 etapas, tres de ellas ya construidas. El primer paso fue aggionar el club house para convertirlo en un “guest house” (de 370 m2 cubiertos y 170 m2 de expansiones y pérgolas) y construir las casas de viña, dos simples (de 81 m2) y una doble (128 m2). Las casas están literalmente en medio de los viñedos, por lo que desde sus amplias aberturas vidriadas la sensación es que basta con salir para poder arrancar un racimo de uvas. Todas tienen expansiones y terrazas accesibles con jacuzzi y lugar de fuego, desde donde se contempla el plano verde y dorado de las viñas, las montañas y el impresionante cielo mendocino. En el diseño priman los colores tierra, la piedra amarilla traída de San Rafael y las plantas autóctonas como chañares y jarillas.

Las casas poseen un amplio dormitorio con una altura de 3 metros con sillones, espacio de ducha, vestidor y tina, que también entran en contacto permanente con el paisaje. Los placares van de piso a techo y se realizaron con maderas de barricas de roble, en tanto que el interiorismo estuvo a cargo de Laura O.

Durante la segunda etapa (con el hotel en funcionamiento), se realizaron el edificio de la administración y recepción (172 m2 cubiertos y 62 m2 de terraza), el edificio de servicios, la casa del casero y los apoyos. Además, se agrandó la cocina del guest house, para adecuarlo como restaurante para 40 comensales. “El volumen de la cocina no existía -cuenta la arquitecta Apa- y se armó el restaurante, pero sin perder la impronta de living, ya que la idea del dueño es que los huéspedes se sientan, no en un hotel, sino como de visita en la casa de alguien”. Otro de los requerimientos del comitente fue conservar las vistas plenas, de ahí que en el mobiliario (diseñado por el mismo estudio) las sillas llegan hasta el nivel de mesa, no hay respaldos que sobresalgan.

Por la misma razón, en la tercera etapa (prevista para terminarse a fin de año) se tuvo especial cuidado en la ubicación de 7 nuevas casas de viñas, dispuestas para no interferir las visuales de los otros edificios.

Las casas son de dos tipologías: simple (105 m2 + 120 m2 de expansiones) y doble (319 m2 cubiertos y 300 m2 de expansiones) y a las características de las ya construidas suman una cava subterránea que se asoma al interior del estar por medio de un paño de vidrio en el suelo.

El concepto de la acequia, tradicional de la provincia, está presente desde el inicio: cuando aún se pensaba como barrio cerrado (2006-2007) el paisajista Eduardo Vera diseñó el bulevar central que une la recepción con la cava. El curso de la acequia atraviesa diversas situaciones, como sombras provenientes de pérgolas, mientras que el sonido del agua está presente en toda su extensión a través de estanques y cascadas.

Dado que se trata de un terreno plano, los arquitectos de Desarrollos Urbanos (junto al estudio de paisajismo Rossi & Piccioni) se valieron luego del movimiento de suelos para crear recorridos y lomadas que hacen que el huésped vaya descubriendo distintas visuales cuando se moviliza por el complejo.

De hecho, la cava aparece como enterrada, aunque se encuentra al nivel original del terreno. Se ingresa por una puerta de madera con arco de medio punto que remite a la campiña francesa y una vez adentro hay una sala de recepción con muros de piedra y pisos de ladrillos rústicos. La cava misma está diseñada como un ambiente antiguo de arquitectura muraria de ladrillo visto y abovedado y posee celdas de guardado con capacidad para 25 mil botellas y un salón central donde se hacen las degustaciones. La obra de la cava duró aproximadamente un año.

“Como está hecha a nivel –explica la arquitecta Apa– se hicieron las fundaciones, los muros y los ladrillos para hacer las bóvedas se realizaron con cimbras de madera con las formas que ahora se ven, algunas por partes. Desde arriba se colocaban los ladrillos en la posición, con sogas para dejar la junta para que los ladrillos no se movieran al hormigonar. Se hormigonó arriba y después se hizo la nivelación y las capas de impermeabilización. Dado que sectores que forman embudos, hubo que nivelar y darle pendiente hacia las viñas de afuera para que no se juntara agua”. Aunque en un principio se había pensado que la cava tuviera un techo verde, también con viñedos, finalmente se convirtió en terraza para eventos, con capacidad para 500 invitados.

Cerca de la cava ya comenzó la construcción de su  spa, de 380 m2, en lo que constituye la cuarta etapa de la obra. Estará en contacto directo con la laguna, y su sala de relax tendrá visuales amplias a las montañas. Habrá gimnasio, salas de masajes, sauna húmedo, sauna seco y salas para tratamientos faciales y corporales, donde se aprovecharán las propiedades de la uva.

Para la quinta y última etapa se reservó la construcción de la bodega. Y entonces sí, los huéspedes serán testigos de todo el proceso de elaboración del vino.

 

Fuente: Clarín

¡Te puede interesar!

Referentes internacionales del diseño participarán de la segunda Bienal en Córdoba

En el marco de las actividades organizadas dentro de la segunda edición de la Bienal …

UA-31547509-1