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Las tres primeras torres porteñas de cristal cumplen casi 60

Desde mediados de la década del 90, el “efecto espejo”, producto del uso del vidrio en las envolventes de los edificios, se fue convirtiendo en una onda expansiva que se extendió por todos los barrios porteños.

En sus orígenes, el “courtain wall” o muro cortina vidriado fue una marca registrada de los edificios corporativos estadounidenses, aunque su presencia se fue extendiendo todos los países como un símbolo de eficiencia y poder.

El gran bosque gris que era Buenos Aires hasta principios de la década de 1960 fue materia de experimentación por parte de los arquitectos jóvenes de entonces, que se dedicaron de lleno a proyectar y desarrollar los primeros prototipos con fuerte presencia de vidrio, siguiendo los lineamientos del célebre Edificio Seagram que el alemán Mies van der Rohe proyectó y construyó en New York en 1958.

Gigante 1

La Torre Mirafiori, hoy sede del Banco Itaú, fue una de las primeras vidriadas. Está ubicada frente a la plaza seca del Teatro Colón, en la esquina de Cerrito y Viamonte, en un terreno vacante hacia fines del 1954. El lote fue adquirido por la filial argentina de la empresa Fiat Concord, que proyectaba sus oficinas locales. Los lineamientos de la obra estaban listos cuando la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires autorizó la construcción de grandes torres, por lo que el proyecto se tornó mucho más ambicioso.

Los ganadores del concurso fueron tres innovadores arquitectos de la época: Rafael Amaya, Miguel Devoto, Alberto Lanusse, Eduardo Martín y Augusto Pieres que diseñaron el gran edificio cuya construcción demoró tan solo tres años (entre 1961 y 1964).

Con estructura de hormigón armado, la torre de 18 pisos (y tres subsuelos de cocheras) se caracteriza por su fachada de 60,15 metros de largo completamente vidriada y sus franjas horizontales, con alternancia de vidrio azul con planchas de aluminio en punta de diamante anodizado, color naranja. Otra novedad del edificio, acorde a los tiempos que corrían, fue el desarrollo de la planta libre que permitía dividir las oficinas en paneles de yeso o madera fácilmente desmontables.

Gigante 2

En esos mismos tiempos de apertura económica, la compañía de aeronavegación Air France solicitó el proyecto de su sede local en un lote del micro centro porteño.

Desarrollado en 1957 e inaugurado en 1964, el edificio estuvo a cargo del arquitecto Eugenio Bonta y el ingeniero Carlos Sucari. Dos subsuelos, basamento de dos plantas y 30 pisos de oficinas en torre fue el resultado del encargo, un edificio prismático totalmente singular para su época.

El edificio de estilo clásico de torre con basamento se caracteriza por su fachada de muro cortina vidriado con perfiles de aluminio. El primer subsuelo, la planta baja y los dos pisos del basamento fueron destinados a la Galería Florida, un paseo comercial semipúblico, mientras que los 30 pisos de la torre fueron destinados a oficinas, con una superficie de 410 m2 cada uno. Por años se lo conoció como Torre Club Cinzano, ya que en su piso 29 se había desarrollado un bar sponsoreado por la marca de aperitivo.

Gigante 3

En agosto de 1961, la constructora e inmobiliaria Brunetta adquirió un terreno en la esquina de la Avenida Santa Fe y Suipacha. Tres meses después comenzó la construcción del edificio proyectado por los arquitectos Nicolás Pantoff y Fernando Fracchia, una torre de 100 metros de alto cuya construcción demandó tan solo un año. La fachada del edificio está revestida por un courtain wall de perfilería de aluminio, con cristales semitemplados de tono azulado, lana mineral y cierres interiores con elementos prefabricados.

Varios pisos alojaron las oficinas comerciales de la firma italiana fabricante de máquinas de escribir Olivetti, logo que durante años se mantuvo en el remate del edificio, por lo que también se la conoce con el nombre de Torre Olivetti.

La torre tiene un edificio cuyo basamento de cuatro plantas ocupa la totalidad de la parcela, y desde la cual despega la torre de 31 pisos, sumando 30.000 m2 de superficie total si se tienen en cuenta los cuatro subsuelos de cocheras.

 

Fuente: Clarín

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