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La ONU reconoció cuatro proyectos sustentables latinoamericanos

Durante la cuarta Asamblea de la ONU para el Ambiente, que se desarrolló en Nairobi, Kenia, el organismo destacó cuatro proyectos de Latinoamérica “que podrían cambiar el mundo”.

Entre ellos se encuentra “La Casa Uruguaya”, la vivienda sustentable creada por estudiantes, egresados y docentes de la Universidad ORT, que ya ha cosechado varios reconocimientos. La casa fue construida en base a criterios bioclimáticos y tecnológicos, que se alinean para reducir el consumo de energía.

La estructura aislante de la vivienda permite conservar la temperatura y evitar que ingrese frío o calor. Cuenta con dos techos -uno encima del otro- que tienen partes móviles que se abren o se cierran a distancia para regular la temperatura interna. Las ventanas están ubicadas de forma estratégica para aprovechar al máximo la luz natural.

La casa se autoabastece con energía solar, alerta a los habitantes del desperdicio de energía, tiene un sistema de reutilización de agua y a través de sensores controla la temperatura, la humedad o la iluminación. La unidad puede instalarse en 15 días y cuesta entre US$ 50.000 y US$ 90.000.

Otro de los proyectos destacados por ONU fue Biofase, una empresa fundada por Scott Munguía, un mexicano que diseñó un sistema para producir bioplásticos a partir de semillas de palta. Las pajitas y los cubiertos hechos con este material se descomponen en solo 240 días sin necesidad de incinerarlos, por lo que resulta una alternativa sostenible para ciudades o países que carecen de instalaciones de incineración en sus plantas de residuos. Los productos de Biofase tienen un gran potencial de fabricación. Según Munguía, 300.000 toneladas de semillas de palta se descartan anualmente solo en México, con lo que se podría satisfacer el 20% de la demanda mundial de bioplásticos. Hasta el momento, Biofase llega a 11 países de América Latina.

El plástico y su potencial de contaminación fueron motivo de preocupación también para el ecuatoriano Inty Grønneberg, quien diseñó unas turbinas para filtrar y retener el plástico en los ríos antes de que lleguen al océano. De acuerdo a la ONU, hasta 13 millones de toneladas de plástico entran en los océanos cada año, el equivalente a un camión de basura por minuto. La mayor parte de estos residuos se descarga en los ríos de las grandes ciudades. La creación del ecuatoriano permite, a través de las turbinas, retener hasta 80 toneladas de plástico por día y se pueden instalar en las embarcaciones fluviales para que recojan los residuos mientras realizan sus traslados usuales.

Cada minuto en el mundo se está consumiendo un millón de bolsas plásticas, un material que tarda 500 años en descomponerse en el medio ambiente. Frente a este panorama, los chilenos Roberto Astete y Cristian Olivares, decidieron fundar Solubag, un emprendimiento que crea bolsas de plástico solubles en agua. La fórmula química de las Solubag se basa en el alcohol de polivinilo (PVA), un material con el que dieron Astete y Olivares mientras trabajaban en la fabricación de cápsulas de detergente biodegradables. Sus creadores aseguran que el agua en la que se disuelve la bolsa no se contamina y es apta para consumo.

 

Fuente: El País Uruguay

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