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Jardines verticales para que Tucumán luzca más verde

“Tan sólo un metro cuadrado de vegetación significa oxígeno para una persona”, asevera Ayelén Diez. Junto a Daniela De Gregorio iniciaron un “emprendimiento bioclimático”, dedicado a la instalación de jardines verticales y de terrazas verdes.

Daniela De Gregorio y Ayelén Diez son arquitectas y tienen un objetivo en común: hacer más verde a Tucumán. Oriundas de latitudes muy lejanas (De Gregorio nació en esta provincia, mientras que Diez es de Tierra del Fuego), juntas iniciaron un emprendimiento orientado a cumplir con aquel anhelo. Se trata de “BioArq”, un proyecto de arquitectura bioclimática sustentable que -por ahora- se dedica a la elaboración de jardines verticales y cubiertas verdes, y a la modificación de paisajes urbanos.

Estas jóvenes emprendededoras, de 31 y 30 años respectivamente, se conocieron en 2006 durante la primera clase que compartieron al ingresar en la carrera de Arquitectura de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Desde entonces han sido grandes amigas y hasta hicieron juntas su tesis de grado. Sin embargo, además de sus vínculos otro interés las unía: la preocupación por encarar construcciones sustentables. Fue así que en 2016 viajaron a Buenos Aires para realizar, con una empresa europea, una especialización en jardines verticales y cubiertas verdes. Un año después, ya de regreso en la provincia, fundaron “BioArq”. “En el transcurso de la carrera, tuvimos varias materias que nos abrieron la cabeza y supimos que, aunque sea con poco, podemos contribuir para solucionar los problemas del mundo”, recuerda Diez.

Los jardines verticales -también llamados muros verdes o paredes de cultivo- son instalaciones montadas sobre una estructura especial que, además de aportar la estética de las plantas en los lugares donde son instalados, cuentan con múltiples beneficios. No sólo absorben dióxido de carbono y generan oxígeno, sino que también filtran otras sustancias contaminantes y el polvo en suspensión, y sirven como aislantes térmicos que permiten bajar la temperatura de la construcción y el ambiente en los que están situados. Las cubiertas verdes cuentan con las mismas bondades: la única diferencia es que son colocadas de forma horizontal en techos y azoteas de las construcciones urbanas.

Por todas esas razones, estas técnicas amigables con el medio ambiente son utilizadas en diferentes partes del mundo para contrarrestar la contaminación, producida principalmente por la actividad industrial y la expulsión de gases que emiten los motores. En otras palabras, la idea es que el verde se imponga sobre el gris del cemento de las ciudades. “Son bienes necesarios. Retienen mucho el agua de lluvia y tienen un rol muy importante en la absorción de partículas en el aire. Todos los techos de las ciudades se podrían aprovechar para hacerlos verdes”, resume De Gregorio.

Las intenciones de estas profesionales no se agotan allí donde la vegetación pueda contribuir con la ecología. En realidad, quieren que toda la arquitectura sea más sustentable. “Vamos aprendiendo todo lo que podemos. Hicimos cursos, seminarios, cursos online y asistimos a posgrados sobre el tema”, plantea Diez. No obstante, conscientes de los desafíos que conlleva tal misión, decidieron empezar “de a poco”. “Elegimos hacer jardines y cubiertas verdes porque creemos que es la manera más fácil y rápida de plasmar nuestra misión. Sabemos hacer más, pero aún es muy complicado de aplicar en el país”, agrega. Hace 13 años, la fueguina dejó Río Grande, su urbe natal, para estudiar Arquitectura en Tucumán, de donde es originaria su madre. Antes había pasado un tiempo en Capital Federal, pero -afirma- terminó prefiriendo el estilo de vida de estas tierras.

“Hacemos todo el trabajo nosotras, es muy artesanal y puntilloso. Sólo en algunas ocasiones contratamos un obrero para que nos ayude. Comenzamos desde un lugar muy pequeño y nuestra idea es ir creciendo cada vez más”, manifiesta De Gregorio. El emprendimiento de las arquitectas aún no tiene un establecimiento fijo. Según su explicación, compran las plantas de sus diseños en viveros mayoristas de Tucumán, y adquieren los materiales necesarios -reciclados, en su mayoría- en comercios de Buenos Aires. El diseño más grande que elaboraron hasta ahora fue un jardín vertical para una concesionaria de autos de la capital. Tiene una superficie de nueve metros cuadrados y cuenta con 270 plantas de más de siete especies. Pese a la pequeña magnitud de su empresa, las profesionales cuentan que ya recibieron pedidos desde Salta y Catamarca.

La tendencia hacia los jardines verticales y las terrazas verdes lleva poco más de dos años en Tucumán. Sin embargo, De Gregorio y Diez advierten que quienes optan por instalar estas técnicas en sus viviendas y negocios lo hacen más por una cuestión estética que ambiental. “Todavía no tuvimos clientes que nos contraten por querer hacer una contribución al mundo. En realidad, esa es nuestra idea con este emprendimiento. Por eso, aún así, tratamos de inculcarle a la gente la idea de la sustentabilidad, y les explicamos los beneficios que conlleva todo esto”, asevera Diez. “Ocurre que Tucumán es un lugar que hace culto a la moda. Si se está usando una zapatilla azul, todo el mundo lo hará”, ejemplifica la fueguina.

Las propietarias de “BioArq” sueñan con una ciudad repleta de vegetación en sus techos y muros. Si bien explican que aún no es algo que se haya aplicado a gran escala en otras partes del país, comparan la situación de Tucumán con la de las demás provincias. “Otras ciudades tienen ordenanzas que apuntan a la devolución de vegetación. Si alguien hace 1.000 metros cuadrados, debería tener la obligación de restituir, al menos, 20 metros cuadrados en jardinería”, consideran.

 

Fuente: La Gaceta de Tucumán

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